Conectarse

Recuperar mi contraseña


¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 19 el Dom Dic 10, 2017 2:22 pm.
Últimos temas
» [ smells ] like teen spirit ;; new
Mar Ago 22, 2017 11:19 am por Hysteria

» Tabla 0.1 [ smells ]
Mar Ago 08, 2017 10:36 am por Hysteria

» Yo [ smells ]
Jue Jun 15, 2017 1:41 pm por Hysteria

» [ smells ] like teen spirit
Mar Mayo 30, 2017 9:21 am por Hysteria

» #SMELLS LIKE TEEN SPIRIT [ CAP 01x01 ]
Lun Feb 13, 2017 5:27 pm por Hysteria

» Tabla Zaira
Jue Nov 10, 2016 4:53 pm por Zaira R.

» Prophecy [H. Potter]
Lun Mayo 30, 2016 10:37 am por Hysteria

» Over & Octavia
Mar Mar 15, 2016 10:12 pm por Hysteria

» Travesura Realizada
Vie Oct 16, 2015 10:23 am por Hysteria








Babitty y Rabitty

Ir abajo

Babitty y Rabitty

Mensaje por Hysteria el Jue Mayo 16, 2013 10:29 pm

Me encontraba boca arriba en la gran cama y, podía ver de una forma perfecta la luna llena en el alto cielo estrellado. Su resplandor hacía horas que se filtraba por la ventana que no estaba cubierta ni siquiera por una ligera cortina.

Aunque hacía horas que Langdon, mi novio y, yo nos habíamos ido a la cama, era poco los minutos que este llevaba dormido. El agotamiento por el ejercicio físico infligido hacía mi cuerpo lo había dejado exhausto. En parte lo agradecía. Cuando no era capaz de quedarse dormido se ponía de muy mal humor y terminaba, en su mayoría, pagándolo conmigo.



Hacía aproximadamente un año que salía con el objeto de mi veneración desde que hubiese entrado en Hogwarts.

Muchos, casi todos realmente, se referían a Langdon Bole como el ser más miserable, mezquino y, aunque me costase admitirlo, sangriento. Sin embargo, yo había sentido hacía él una especie de magnetismo no muy sano cuando lo vi por primera vez en el tren. Tenía que reconocer que me llamo la atención en la forma en que se dirigía hacía sus amigos, con aquel tono autoritario y siempre mirando por encima del hombro; desde luego, jamás llegué a pensar que alguien como él pudiese fijarse en una persona como yo. Y tenía grandes razones para pensarlo.

La primera obviamente se trataba de mi sangre. Yo provenía de lo que ellos llamaban muggles, es decir, personas no mágicas y, a mí me gustaba añadir algo así como: « y, que no se preocupaban por nada que contuviese esa palabra “magia” ». La segunda iba ligada a la primera. Langdon Bole, era desde que había entrado en el castillo una serpiente, vamos para ser más claros, su casa era aquella que fue fundada por Salazar Slytherin. Quizás aquel detalle no tuviese mucha importancia si no fuese porque todos los de aquella casa sentían cierta predilección por humillar u odiar a los de mi sangre. A los sangres sucias, como ellos nos llamaban. La tercera razón tenía que ver conmigo. Aunque realmente todas tenían que ver conmigo, pero está en especial. Aquellos que me conocían solían referirse a mí como “una de esas empollonas sin tapujos” y era así de cierto, yo misma me consideraba estudiosa, curiosa y, cuanto menos, un ratón de biblioteca, aunque tenía otras cosas, por ejemplo adoraba el Quidditch, tanto era así que pertenecía al equipo de mi casa. Me sentía orgullosa de ostentar uno de los puesto de cazadoras y, pese a que muchos me señalaban como “no lo suficientemente buena” o “una sangre sucia más en un juego para magos” a mí me hacía sentir verdaderamente bien el subirme a una escoba y, volar durante horas. A él ninguna de las cosas que yo hacía o como yo me definía le gustaba ¿cómo lo podía tener tan claro? Tampoco era un secreto guardado bajo llave, Langdon se enorgullecía de ir por ahí diciendo que “los empollones y los jugadores de Quidditch, no son más que una panda de escoria que no tiene nada mejor que hacer” también todos sabíamos porque lo decía. Claramente con todas aquellas objeciones que yo misma me veía para ser tan siquiera obsequiada con una mirada de su parte el día que se dirigió a mí por primera vez me cogió por sorpresa y me comporte como una autentica estúpida en toda la extensión de la palabra.

Y sin embargo, allí me tenía tendida en la cama de mi novio, a veces me sorprendía a mi misma siendo consciente de lo que eso significaba, sin poder dormir.



Para él era mucho más sencillo poder conciliar el sueño, desde luego. A efectos prácticos era Langdon el que ejercía el mayor esfuerzo, por supuesto, jamás negaría eso, pero era a mí a la que le tocaba, quizás, la peor parte.

Nuestra relación no era… romántica, por llamarlo de alguna manera. Se podría decir que se trataba más de algo como un acuerdo tácito entre dos personas, donde ambas partes están de acuerdo en el fin. En este caso en las relaciones sexuales entre ambos. Las reglas eran muy sencillas: yo me estaba quietecita y él, bueno y, él hacía lo que quisiera encima de mí. Dicho así sonaba realmente brusco y, puede que lo sea, pero no tenía otra forma de explicar cómo me sentía cuando él decidía que necesitaba desfogarse. Pero aunque en alguna ocasión su rabia me había hecho tener algún que otro arañazo y las muñecas enrojecidas, lo quería. Sonaba realmente mal cuando se pensaba detenidamente, lo sabía, era la primera en ser consciente de que mi relación dejaba mucho que desear y que posiblemente me mereciese algo mejor, pero ¿qué hacer cuando una quiera a otra persona?

Supongo que nada, me respondió mi voz interna. A la cual consideraba mucho más insensata que a mí misma.



Miré mi reloj que estaba en la mesita de noche y pude ver que las manecillas marcaban las una y media de la madrugada. Suspire y me di la vuelta en la cama para quedar mirando hacía la ventana. Sabía que si no había cogido el sueño ya, nada me haría cogerlo siendo ya las horas que eran.

Posiblemente en aquella gran mansión, a la que había ido a pasar la última semana del curso, estarían todos dormidos por lo que tendría que pasar la noche en vela mirando por la ventana sin ninguna otra cosa en la que pensar que en lo inquietante que era mi vida.

Así que allí tendida en la cama me prepare a pasar una noche en blanco.

Cuando algo hizo que un sentimiento extraño tintinease en mi interior. Algo había emborronado a la luna. A la vista humana aquel pequeño detalle bien podría ser una estrella fugaz que había pasado justo por delante de la luna, sin embargo para mí quedaba mucho más claro que era. Lucian Bole. Mi cuñado. Con el que me unía una, aun más, insana relación.



¿Cómo describir lo que despertaba en mí, Lucian Bole, mi cuñado? Desde hacía un tiempo yo misma intentaba encontrarle una respuesta con sentido a esa pregunta, algo lo suficientemente coherente, como para no volverme completamente loca. No había una explicación, algún acto, ni siquiera una excusa para entender porque Lucian me hacía sentir de una forma completamente diferente al resto de los mortales. Pero cuando sus ojos me miraban fijamente dentro de mi algo se rompía y me hacía sentir demasiado pequeñita, demasiado indefensa, era como si sus ojos hubiesen abierto una puerta secreta, que ni yo misma sabía que existía y, sin permiso ninguno había entrado en ella apoderándose de cada uno de mis pensamientos.

Bien era cierto que prácticamente lo conocía desde siempre, ambos habíamos entrado hacía ya dieciséis años por la misma puerta y habíamos esperado a que la profesora McGonagall nos llamara y nos colocara el Sombreo Seleccionador en la cabeza, para que este a su vez nos hiciera ir a la que serían nuestras casas durante todo el tiempo que permaneciéramos en el colegio. Sin embargo, aquel día yo estaba mucho más atenta a su hermano mayor, Langdon. Posiblemente todos coincidirían en que él había sido, sin duda alguna, mi peor error. Claro yo no lo veía así. No me avergüenza reconocer que en aquellos momentos Langdon ocupaba todos mis pensamientos y no repare en el ser que tenía justamente detrás de mí, aunque posiblemente él tampoco reparo en mí, si lo hubiese hecho supongo que no me encontraría en la situación en la que me encuentro ahora. Tampoco sé que hubiese sucedido si en vez de quedarme mirando hacia el frente en aquellos momentos me hubiese dado la vuelta y mirado a sus profundos ojos verdes que tanto miedo me dan.

No sería hasta mucho tiempo después que supiese que Lucian, el objeto de mis miedos, era un año mayor que todos nosotros. No era extraño, pues en Hogwarts no se puede entrar si no se tienen los once años cumplidos, así que él tuvo que entrar un año después.

El año pasado asistí a la, privada fiesta, de aniversario de mí cuñado, en plenas vacaciones de Navidad. Todo había sido realmente formal, por supuesto yo estaba invitada en calidad de novia de su hermano, dudaba infinitamente que él por si mismo hubiese extendido una invitación en mi nombre, por el placer de tener a mi persona en su fiesta. Recuerdo vivamente haberle dicho a Langdon que me era imposible asistir a la fiesta de su hermano, por motivos de salud, fingí tener una gripe. Debo decir en mi favor que la sola idea de estar en la misma habitación que mi cuñado me ponía los pelos de puntas. Lo malo de todo fue que la excusa no me resulto, Langdon me llevo a la enfermería y le dijo a la señora Pomfrey que me diera lo que hiciese falta para poder asistir a la fiesta de su hermano, la enfermera me diagnostico una salud de hierro y me dijo que podría ir perfectamente a la celebración de cumpleaños. Admitiré que aquella noche me devane los sesos pensando una nueva excusa para poder librarme de la presencia de Lucian. Todo fue en vano.

Cuando subí hasta la séptima planta vestida lo más “decente” que podía. Tuve que enviar una lechuza a mi madre para que me enviase un vestido, ni muy arreglado, ni muy informal, así que conseguí un vestido corto de palabra de honor color azul eléctrico estrecho en la parte del abdomen, donde tenía un cinturón de la misma tela que cubría todo el abdomen y, justo al lado derecho de este había una forma oval de color plateado formada por brillantinas, después caía de una forma suelta y vaporosa de la cintura hacía abajo, en una tela parecida a la que usaban para los tutú de las bailarinas de ballet. Los complementos que utilice fueron de color plateado, unos tacones bastante altos con un lazo en la parte de delante el cual iba formado con perlas y brillos, como en el cinturón del vestido. Por supuesto, no estoy acostumbrada a arreglarme y mucho menos a dedicarle más de diez minutos a mi pelo, así que mi peinado fue bastante sencillo, lo deje ondulado tal como era mi pelo naturalmente y lo lleve a un lado, justo el lado del flequillo, donde lo sostuve en una coleta.

Recuerdo que cuando los zapatos se hicieron escuchar en todo el pasillo, la primera mirada que vi fue la de mi cuñado. Y debo reconocer que no estaba preparada para todo lo que sentí en aquellos momentos.

Desde luego lo primero que invadió mi cuerpo fue aquel miedo intenso que experimentaba cada vez que estaba demasiado cerca de él, pero no fue solo eso, algo nuevo se apodero en aquel momento de mí. Sentí que por primera vez Lucian me veía, a mí, de entra unas quince personas que había allí congregada, sentí que el protagonista de aquella celebración solo estaba interesado en la pequeña y débil chica rubia que era su cuñada. No me sentí mucho mejor por ello, tengo que decir, para mi desgracia, que no soy de esa clase de chicas que despierta pasiones en los chicos de mi edad y que por norma general cuando se fija en que yo estoy allí sucede dos cosas: la primera que pierden el interés casi al instante y la segunda que ven en mí un objeto de burla. Sin embargo, mi cuñado parecía que no tenía ninguna intención en perder el interés en mí. Por un momento me quede allí sola en el pasillo sin saber si seguir hacía delante o huir lo más deprisa que me permitiesen los tacones. No hice ninguna de las dos cosas. Langdon, llegó donde me había quedado parada y me indico con un solo gesto que tomase su brazo. Al llegar a la altura de mi cuñado me pude dar cuenta de que no era la única chica allí presente, entre los reunidos había varios miembros de mi sexo y, a mi parecer mucho más guapas que yo, por supuesto. Todas iban vestidas de colores oscuros: negros, verdes oscuros, grises… Yo era la que más llamaba la atención de entre mi género, con mi vestido azul eléctrico y mis adornos en plateados. En aquel instante supe que obviamente mi cuñado había prestado atención a mi atuendo y no a mí, ¿por qué debería ser yo el objeto de su interés? Por nada. Así me auto convencí. Cuando estuve a su altura lo felicite con un respetuoso y breve “Felicidades” y extendí la mano de forma cordial para no parecer una persona borde o intransigente con las personas. Para mi sorpresa, tal vez porque para mí Lucian era como el ogro de la película, extendió su mano y estrecho la mía con cordialidad. Sin apartar la mirada de mis ojos y, con voz tranquila y casi cansina dijo “Gracias, Juliet” En aquel momento algo paso en mi cuerpo.

De mi mano, de la mano en que tenía sujeta la suya, subió un calor eléctrico que comenzó a recorrer partícula por partícula mi cuerpo. Y aquel calor eléctrico se intensifico al llegar al estomago donde se me alojo una extraña sensación de vació, que se convirtió en un escalofrío imperceptible, o eso esperaba, sin embargo muy educadamente mi cuñado soltó mi mano con una leve sonrisa en sus labios y me dejo en mitad del pasillo con Langdon. Y lo supe. Lucian Bole sería la persona que decidiría mi futuro. Fue esa clase de sensación que tienes ante la certeza de un futuro muy próximo, cuando tu corazón, tú cabeza, el sentido común, el razonamiento y esa pequeña vocecita de tu cabeza se ponen de acuerdo y te indican un mismo camino que seguir. El mío se iba a saludar a una chica alta y morena de ojos verdes que parecía comérselo con la mirada.

En aquel momento no lo entendí, no entendí porque aquella chica me cayó tan mal cuando un cuarto de hora después me la presentó Langdon, simplemente no me parecía simpática y mucho menos agradable. También era verdad que era Slytherin, pero bueno… ese no era un argumento de peso.



Bajo un impulso no entendible, me levante de la cama y cogí la escoba que estaba debajo de la cama de Langdon. Mi Nimbus 2000, la única cosa que les pedí a mis padres con tal ímpetu que no tuvieron más opción que comprármela cuando entre a formar parte hacía un par de años al equipo. Cogí la camisa que Langdon se había quitado aquella noche y me la puse, no conseguí mucho más que cubrir un poco de mis muslos, pues el cullot solo tapaba lo necesario, así como mi camiseta de tirantes. Abroche un par de botones la camisa y me eche la escoba al hombro.

Al salir a la noche tibia de finales de Agostos sonreí de una forma liberadora. Desde que había llegado aquella casa me había sentido como enjaulada. No era lo mismo que estar en mi propia casa o en el colegio, donde tenía más libertad de movimiento, allí me tenía que aguantar con la miradas furiosas de mis suegros y el constante fluido de miradas de parte de mi novio, que siempre terminaba riéndole las gracias a sus padres.

Monté en mi escoba y di una patada al suelo. El pequeño estadios de Quidditch que tenían los Bole estaba a un buen paseo desde la casa, así que decidí que iba hacer ejercer a mi pequeña preciosidad antes de que acumulase más polvo debajo de la cama de Langdon. No tarde mucho en llegar, pues aquella escoba era realmente rápida, claro no tanto como la de Lucian, una Nimbus 2001, regalo de Lucius Malfoy, el cual había comprado el puesto de su hijo en el equipo hacía algún tiempo, tanto era la influencia de Malfoy que habían llegado a sustituir a Lucian por uno de sus dos amigotes, de los cuales jamás me acordaba de su nombre. Nunca entendí como hicieron eso, si algo no podía discutir es que Lucian era uno de los mejores bateadores que había conocido en mi vida.

Roce el césped y miré hacia arriba para ver como mi cuñado comenzaba a emprender un vuelo empicado hacía el suelo. Por un momento pensé que quizás me había vuelto completamente loca por haber ido a su encuentro, sin embargo me quede allí plantada hasta que lo tuve enfrente de mí, a escasos centímetros de mi cara.

- Hola, Lucian. – murmure sin apartar la mirada de sus ojos. Era cierto que le tenía un miedo espantoso, pero tampoco era una cobarde que me dejaba vencer por esos miedos a la primera de cambio. – Esto… ¿entrenando? – nuestra relación se basaba en una serie de frases cortas, casi siempre de un mismo tema y de una forma lo suficientemente respetuosa como para no parecer una estúpida o que me moría de miedo ante su presencia.

Aún así siempre terminaba pareciendo una chica de un coeficiente intelectual por debajo de la media, al menos cuando hablaba con él. Siempre me había hecho sentir vulnerable y eso me ponía de los nervios.
avatar
Hysteria
Admin

Mensajes : 298
Fecha de inscripción : 08/04/2010
Edad : 29
Localización : Mundo

Ver perfil de usuario http://trasteos.foro-activo.es

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.